Descripción
En este taller, el dibujo se plantea no solo como una herramienta de representación, sino como un espacio de conexión con aquello que normalmente pasa desapercibido. A través de la presencia de dos modelos dormidos sobre un colchón –imagen central y recurrente en la práctica de la artista–, se propone un ejercicio de contemplación activa: se estudiará y llevará a cabo un ejercicio técnico de dibujo y técnica mixta, y nos cuestionaremos sobre qué queremos representar con ello. Significar el sujeto para expresar lo que siente el artista y/o alumno. El grupo se dispondrá alrededor de las figuras, ocupando distintos puntos de vista, entendiendo que cada posición revela una verdad distinta del cuerpo. Se harán dos rondas de dibujo con posiciones diferentes y el ejercicio buscará dar dos emociones con el mismo sujeto de representación. Desarrollaremos la capacidad de capturar no solo una imagen, sino una atmósfera.
El taller busca entrenar la conexión entre el ojo y la mano, desarrollando una mirada más intuitiva que permita prescindir progresivamente de la medición constante. Se fomentará una relación más directa con el papel, donde el error forme parte del proceso y donde la expresividad del trazo tenga tanto peso como la proporción. Más allá de aprender a dibujar mejor, el objetivo es aprender a mirar de otra manera: sostener la mirada el tiempo suficiente como para que aparezca algo más profundo que la forma.
Materiales necesarios
- Cuaderno que permita múltiples intentos y variaciones.
- Lápiz, priorizando grafitos blandos (4B–8B) que faciliten un trazo más libre, orgánico y expresivo.
- Goma de borrar.
- Ya que el objetivo que se busca es un dibujo base y, mayormente, la comunicación de un mensaje, los materiales, más allá de lápiz, papel y goma, son libres y opcionales.
La organización recomienda a todos los asistentes llevar una silla plegable para dibujar en exterior cómodamente. Para elegir papel o cuaderno de dibujo, os recordamos que normalmente llueve y hay mucha humedad en el ambiente.
Espacios
La Fundación Eugenio Granell abre sus puertas en el año 2000 en uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, el pazo de Bendaña, en la Praza do Toural. Este espectacular palacio urbano de mediados del siglo XVIII fue encargado por el marqués de Bendaña al arquitecto Clemente Fernández Sarela. En su fachada destacan los balcones con enrejados típicos del barroco compostelano y la figura de Atlas sosteniendo la bola del mundo, que se sitúa encima del escudo del marquesado; sobre su significado circulan numerosas leyendas en la ciudad. La Fundación exhibe la colección de obras de Granell y de su esposa, Amparo Segarra, así como la donación del artista surrealista inglés Philip West y exposiciones temporales. Con actividad permanente durante todo el año, tiene como objetivo no solo la difusión y promoción del artista, sino también la divulgación del movimiento surrealista, que encabezó André Breton, al que el propio Granell conoció en la República Dominicana, donde pasó parte de su vida.
